sábado, 21 de agosto de 2010

Lecturas contra el tedio veraniego

La verdad es que he tenido un poco abandonado el blog los últimos meses y me he prometido enmendarme. En realidad son muchas las veces que me gustaría escribir y muchos los temas sobre los que hacerlo, pero escribir lleva tiempo y el tiempo es , precisamente, un bien escaso en los tiempos que corren. Ya lo decía Joan Manuel Serrat: "...nos bebemos la vida de un sorbo..." (generalmente, sin tiempo para saborearlo).

Una de las cosas buenas de las vacaciones (aunque sean breves) es disponer de un poco de tiempo para hacer algunas cosas casi imposibles durante el periodo laboral. Por ejemplo, leer. Es una de mis pasiones sacrificadas (como otras muchas, dicho sea de paso). Pero en las últimas semanas le he puesto algo de remedio y me he aventurado con 3 libros, dispares entre sí, pero absolutamente fascinantes. Dos de ellos, sin conexión aparente con la música, son los que más me han hecho disfrutar y me gustaría compartirlos con todo el que quiera en este blog.

El primero ha sido El nombre del viento de Patrick Rothfuss. Con muchas reticencias al principio, eso sí, porque el "tufo" a literatura fantástica (que no es de mi predilección), me ponía, sin quererlo, en una actitud clara de prejuicio que, creí, no me iba a permitir pasar de las primeras 20 hojas (lo de las 20 hojas, tiene relación con un consejo que una buena amiga, profesora de literatura y gran devoradora de libros, me dió hace ya algún tiempo: si un libro no te ha enganchado en las 20 primeras páginas, déjalo -o algo similar). Pues bien, lo que creí que sería una cuento fantástico para adolescentes, me ha tenido esclavizada durante sus 872 páginas. La imaginación y creatividad, la poesía, el ritmo, los colores, los personajes...todos los ingredientes (para mi juicio inexperto, confieso) para disfrutar de un paisaje diferente, diríase imposible, pero convertido en un mundo más real que los macarrones con tomate que preparo a mis hijos, y que me ha hecho regresar a otra época de mi vida, la de los ojos abiertos de par en par transformando la realidad en sueños inalcanzables pero más estimulantes que el mundo real que nos rodea...De pronto he tenido todas las edades: he sido niña a la que le contaban un cuento de dragones que escupen fuego azul; he sido adolescente embriagada por los poderes mágicos de pócimas, palabras y gestas de un protagonista atípico y terriblemente atractivo; he sido mujer madura que al ir leyendo se iba reconociendo en tantos detalles, especialmente los que claramente estaban relacionados con el mundo de los sentimientos, las abstracciones, las relaciones humanas, las jerarquías de poder, y también la pobreza, el sentimiento de supervivencia, la capacidad de superación, la confianza en uno mismo, las pasiones más bajas frente a las más elevadas; y, por último, también me he sentido anciana, con la sabiduría que da la experiencia, las vivencias irrepetibles...

Pensar que conocer el nombre de las cosas (el nombre profundo, no el sustantivo con que las nombramos gramaticalmente) te da acceso a fundirte con ellas- y ellas contigo- como si fueras parte de la misma sustancia de la que están hechas me parece una idea realmente bella y fascinante. Poder invocar al viento para ser parte del mismo viento es una fantasía, sí, pero esperanzadora, mágica; una aspiración-locura que nos invita a vivir otra dimensión del mundo y lo que nos rodea. No se cómo explicar esa sensación de eternidad, de pertenecer a las cosas y que ellas te pertenezcan a su vez, de sentir que todo es posible, que la magia existe en nosotros a nada que conozcamos el modo de nombrar/invocar la esencia última de lo que aparentemente nos es ajeno ... ¿Y si fuera posible?

No puedo hacer una crítica literaria del libro de Rothfuss porque sería una osadía por mi parte, pero puedo decir que leer "El nombre del viento" me ha hecho feliz.


El otro libro que he tenido en mis manos ha sido el de Muriel Barbery, La elegancia del erizo. Una auténtica gozada para los sentidos y, muy especialmente, un masaje reparador para el intelecto adormecido de tanta mediocridad, o si se prefiere, de tanta tibieza intelectual. Un libro en el que el lector se siente inteligente porque la autora, con una infinita generosidad, da por supuesto que así es. Lenguaje sencillo en apariencia, pero tremendamente elocuente para expresar ideas finísimas. No se trata, por otro lado, de grandes ideas (las situaciones que se describen son tan cotidianas que difícilmente podrían sernos incomprensibles), pero expresadas de tal modo (empleando la ironía muy a menudo) que se presentan ante nosotros brillantes, refinadas, únicas.

Partiendo de recursos literarios propios de la novela costumbrista, nos presenta un formato original en cuanto a la estructura de los capítulos. Cada capítulo trata de una idea suscitada por una situación común, trivial si se quiere, a la que los personajes principales (dos mujeres en dos etapas diferentes de su madurez) van sacando punta con una agudeza asombrosa. Hay múltiples referencias al Arte, con mayúsculas, especialmente a la literatura rusa y japonesa, al cine, a la música...Y debajo de todo ello una crítica mordaz a la estupidez de una sociedad que ha perdido el norte y que, como dice la autora en boca de uno de sus personajes, "vive metida en una pecera", nadando de un lado a otro, dentro de los límites curvos del cristal, observando el exterior, pero irremediablemente confinada al pequeño espacio acuoso que, por voluntad propia, ha decidido convertir en su espacio vital (para tener la ilusión de protección).

Hay que leer el libro para saborearlo de verdad; no me veo capaz, una vez más, de trasmitir fielmente el placer que he sentido con esta pequeña joyita. Me quedo con una frase del final de uno de los capítulos: "El Arte es la vida, pero con otro ritmo". Dicho así, parece ambiguo y sin mucho fundamento; pero después de leer todo el capítulo (apenas dos páginas), uno sólo puede sonreir, como lo hacen los bobos... porque sí; porque así es.

jueves, 16 de abril de 2009

I Encuentro de Análisis en Las Palmas de Gran Canaria

Acabo de regresar del I Encuentro Nacional de Análisis celebrado en Las Palmas los días 4 y 5 de abril. Ante todo felicitar a la organización del encuentro por su buen hacer y por haber propiciado un espacio inmejorable de intercambio de ideas, reflexiones y conocimiento.

Realmente era necesario un foro de estas características para poner en común lo que los profesionales de la docencia del Análisis estamos llevando a cabo en nuestros centros de enseñanza. Ha sido especialmente enriquecedor el contacto entre ámbitos educativos muy diversos (universidad, centros de enseñanza primaria, secundaria, escuelas de música, bachillerato LOE, conservatorios profesionales y conservatorios superiores). De lo que no hay ninguna duda es de que el análisis, además de tener su espacio propio de conocimiento, es un área transversal a todas las facetas de la música. esto ha quedado claro y bien palpable a lo largo de todo el encuentro.

Llama poderosamente la atención comprobar que a todos nos inquietan las mismas cuestiones, pero que las respuestas a esas inquietudes pueden ser bien distintas. Comprobar cuáles son esas respuestas, lo que tienen en común o de divergencia con las tuyas propias es siempre aleccionador. En este sentido debo decir que he aprendido muchas cosas en este Encuentro y, no sólo de análisis.

La sensación de casi soledad absoluta que uno tiene cuando se enfrenta a las programaciones de esta asignatura, las incertidumbres acerca de la propia praxis educativa, las múltiples metodologías analíticas aplicables en el aula teóricamente, pero luego no siempre viables en la práctica, las dudas, las seguridades...son aspectos que nos preocupan a todos los que hemos tenido oportunidad de asistir a este foro. Las hemos compartido, hemos debatido, se han aportado ideas, se han discutido métodos, se ha "analizado" el análisis... Todo un ejercicio de humildad, también, reconocer que hay otros sistemas de trabajo que funcionan y que tienen sus virtudes. Y es que es muy frecuente entre los docentes del análisis crear nuestro propio "método" y renegar de todo lo demás. Sin embargo, todos los que allí estuvimos teníamos ganas de aprender, de aportar experiencias, de compartir hallazgos. En definitiva, edificante y refrescante.

Por mi parte, colaboré en el Encuentro participando en una mesa redonda en torno al proceso de convergencia al EEES y el análisis, compartiendo intervención con Francisco Lemes y Alberto Veintimilla, dos autoridades en la materia, ya que han sido responsables ambos de sendas Ponencias sobre el tema en relación a las Enseñanzas Superiores artísticas y la Enseñanza Superior de Música.

También presenté una comunicación que bajo el título "El Análisis como herramienta de trabajo en la especialidad de dirección" pretendía situar la importancia del análisis, sus metodologías y aplicaciones dentro del marco de la formación superior en dirección.

Todas las ponencias, comunicaciones y mesas redondas van a ser publicadas en las Actas del Encuentro y estarán a disposición de todos los interesados.

Una vez más, enhorabuena por el éxito del evento y hasta la próxima edición.

EN EL PODIO. Manual de dirección de orquesta, coro, banda y otros conjuntos


Después de casi cuatro años del comienzo de la redacción de este manual de dirección, sale al mercado " En el podio", un libro con DVD interactivo sobre el mundo de la dirección desde múltiples perspectivas.
Con este libro he pretendido desentrañar algunos de los misterios de esta profesión tan singular y apasionante y está concebido desde un punto de vista pedagógico para servir de manual de consulta y guía constante para todos los interesados en esta materia, especialmente para los directores que se están formando o que precisan de directrices precisas para hacerlo.

He querido huir deliberadamente de tópicos técnicos referidos a una determinada escuela y he querido centrar el contenido en aquello que a mi juicio es realmente imprescindible para poder dirigir: una técnica gestual básica muy sólida y criterios musicales fundamentados para poder comunicar con fluidez la música.

No hay en el mercado español ningún texto de estas características y creo sinceramente que puede ser una gran ayuda para los futuros directores. Uno de los principales objetivos de este manual es precisamente clarificar y poner en evidencia la envergadura del trabajo que ha de realizar cualquier persona que se ponga al frente de un grupo musical, independientemente de su tamaño, repertorio o nivel. Creer que cualquier músico puede dirigir es un error tan grande que sólo es posible entender ésta práctica tan habitual por el desconocimiento de lo que supone realmente el arte de dirigir.

Por otro lado, resulta más frecuente de lo que sería deseable que los estudiantes de dirección de nuestros centros superiores sean formados casi exclusivamente en la adquisición de una técnica gestual determinada, pero que lamentablemente no se cuiden otros aspectos de la profesión, algunos de ellos tan importantes, si no más, que el propio gesto. Desde hace mucho tiempo se oyen voces reclamando un texto pedagógico sobre dirección que abarque todos los aspectos esenciales, no exclusivamente el técnico. Esta necesidad palpable y largamente reclamada es lo que me ha llevado a reflexionar profundamente sobre la dirección y finalmente a plasmarlo en un texto. Deseo de verdad que sea de utilidad para todos los interesados en el tema y que sirva para llenar ese desgraciado hueco que había en materia de formación de esta especialidad.

El prólogo al libro lo ha escrito el Maestro López Cobos, al que agradezco profundamente la confianza que ha depositado en mi trabajo.

Uno de los atractivos de este manual lo constituye sin duda el DVD. En él se pueden visualizar todas las cuestiones técnicas y musicales tratadas en el texto.

Para mí ha sido una experiencia vital única la elaboración de este manual; es cierto que ha sido costoso y largo el proceso, pero en él he puesto gran parte de lo que soy como músico, como directora y como ser humano. En realidad, y teniendo en cuenta que en el mundo de la música clásica ningún libro puede ser un best seller, hay que decir que lo que me ha movido a realizar este proyecto es la necesidad de compartir mi experiencia en el podio (de ahí el título del libro) con todos los interesados en este tema. En realidad me he preguntado muchas veces qué es lo que mueve a alguien a dejar por escrito sus reflexiones, como si de una herencia intelectual se tratara. En mi caso, he llegado a la conclusión de que la necesidad de escribir sobre lo que he descubierto y experimentado durante el ejercicio de mi profesión, deriva del hecho de que creo que allanar el camino a los que vienen después de tí es un acto de generosidad por encima de todo y seguramente una cuestión de conciencia moral (aunque esto podría ser discutible). Me gusta pensar que el coste en tiempo, esfuerzo y tantos tropezones durante mi camino como directora va a servir a otros para no caer en los mismos errores y comenzar su andadura con parte de los obstáculos señalizados y, por tanto, reconocibles y evitables. Se podría decir, según esto, que también nos mueve la vocación de servicio cuando escribimos sobre algo en lo que creemos.

Yo creo en lo que he escrito en este manual porque lo he vivido y experimentado y lo sigo haciendo cada vez que me subo al podio para dirigir. Lo fundamental y necesario para dirigir está recogido ampliamente; lo que hace de un músico un auténtico director, también; quizás falta lo que no se puede explicar ni definir, aquello que hace que un director conmueva en sus interpretaciones. Pero incluso esto, se puede intuir leyendo entre lineas...

He revisado muchas veces el libro y confieso que en casi todas las ocasiones me he sorprendido a mi misma pensando "¿Quién ha escrito esto? !Hay verdades como un puño y es tan transparente...!". He llegado a olvidar que yo era la autora y eso debe ser bueno...


Dirigir una banda amateur

Recientemente he tenido la ocasión de dirigir una banda amateur en Navarra, concretamente la Sakanako Haize Berriak de Alsasua. Su director, Luis Orduña, me invitó a dirigirla con ocasión de un concierto extraordinario dedicado a las mujeres en la música. Acepté porque me pareció una invitación curiosa y porque me apetecía colaborar con un director que desde el primer contacto me mostró un entusiasmo poco común por su proyecto. La única cuestión que me preocupaba desde un punto de vista exclusivamente musical era el nivel técnico y musical de la agrupación para afrontar el programa seleccionado (la Suite completa de Carmen de Bizet). La obra era nueva para el grupo y, según me informaron, los músicos de la banda tenían en su mayoría una mínima formación musical en escuelas de música, otros eran aficionados ya mayorcitos ,y unos pocos estaban cursando estudios de grado medio en los primeros cursos.
Con este panorama pensé que poco sería lo que se podría hacer desde el punto de vista interpretativo, más allá de intentar que las notas estuvieran en su sitio con una afinación lo más aceptable posible para un grupo de estas características.
Ya estaba resignada a afrontar este compromiso lo más profesionalmente posible cuando llegó el primer ensayo. Efectivamente, la situación musical que había imaginado era la que constaté; mi sorpresa vino de la actitud de todos los miembros de la banda: una entrega y unas ganas de hacer bien las cosas que realmente me resultó emocionante cuando menos. Ese entusiasmo y entrega (habían trabajado la obra con profesores previamente en un cursillo intensivo de fin de semana, además de varios ensayos extras en horarios que jamás hubieran aceptado otros músicos más formados, etc) fueron los que posibilitaron que el trabajo en los dos ensayos que tuve con ellos fueran realmente productivos. El resultado final, ofrecido en dos conciertos, fue uno de los que más valoro de entre todos los que he tenido la oportunidad de ofrecer con agrupaciones de este tipo.
Es absolutamente asombroso lo que puede producir el amor propio y el entusiasmo: la afinación estuvo realmente aceptable (mejor de lo que yo había supuesto en principio), los tempi se acercaron mucho a los requerimientos de la partitura y, lo que es más asombroso, pudimos hacer música, interpretar, colorear la música en cada pasaje... El trabajo de conjunto fue más que aceptable (todos escuchaban!!) y no creo que Bizet estuviera del todo enfadado por la versión que se hizo de su Carmen.

El público respondió con la misma energía que pusimos todos en el escenario. Un éxito.
Desde aquí quiero felicitar a todo el grupo por su labor, por haber dado de sí mismos todo lo que podían y seguramente más.

Pero ante todo quisiera dejar constancia de una reflexión personal sobre el tema de la música hecha por amateurs. Es posible que desde el punto de vista de la calidad musical, no sea posible nunca para una agrupación amateur alcanzar las cotas de perfección de un grupo profesional o de músicos bien formados, pero desde el punto de vista de la divulgación musical y la labor social que realizan, estas agrupaciones amateurs me parecen absolutamente necesarias. Además, el mensaje musical comunicado con entusiasmo y cariño llega más fácilmente al público en general que la música perfectamente traducida técnicamente pero de una manera fría y calculada. Es cierto, por otro lado, que las agrupaciones amateurs no debieran abordar repertorio que superase con creces sus posibilidades técnicas porque tampoco se trata de hacer la música de cualquier manera: además de constituir una falta de respeto por la obra y el autor, tampoco el stress interpretativo conduce a comunicar ningún mensaje musical. Por tanto, siempre que el nivel del repertorio sea adecuado, las cotas de calidad que se pueden alcanzar con una agrupación amateur pueden ser todo lo ambiciosas que el director se proponga porque el esfuerzo y la dedicación están aseguradas.

Gracias a Haize Berriak por unos ensayos tan gratos y dos conciertos refrescantes.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Oposiciones: una lucha por la supervivencia profesional

Un profesional de cualquier ámbito aspira de manera legítima a mejorar su estatus profesional y para ello existen varios métodos. No voy a referirme a uno de los más habituales en este país, por ser de sobra conocido y "sufrido" por muchos, y que no es otro que el de medrar profesionalmente a base de "enchufismos", como pago de favores, amiguismos, intereses políticos y económicos comunes, y un largo etcétera. Me quiero referir al método más lógico y justo de presentarse a unas pruebas de selección, oposiciones, o cualquier proceso en el que se tengan las mínimas garantías de competir en igualdad de condiciones con el resto de los aspirantes.

Muchos profesionales y ciudadanos en general tenemos la rara sensación de que algunos privilegiados llegan a tiempo para acceder a los puestos de trabajo cuando no se precisa ninguna prueba de selección, mientras que el resto no llegamos nunca a ese reparto libre de privilegios y nos debemos pasar toda nuestra vida profesional mostrando, demostrando y defendiendo nuestra valía en una continua competición con otros colegas en la misma situación de desfavorecimiento. No se suele dar el caso de tener que competir con quien ya disfruta de las prebendas de un puesto de trabajo obtenido por el método de libre designación y, en las escasas ocasiones en las que esto sucede, es habitual que quede en evidencia la falta de rigor en la contratación libre.

No parece muy europeísta continuar con prácticas de selección de personal más propias de un país tercermundista donde los "jefecillos de turno" campan a sus anchas y se rodean estratégicamente de individuos dóciles, que bailan al mismo son y que, como buenos estómagos agradecidos, nunca van a causar problemas ni provocar disensiones en el seno de la empresa.

Denunciar la falta de oportunidades para competir de manera legítima por un puesto de trabajo es sólo una reflexión en voz alta en la que la mayoría estaremos de acuerdo. Pero quisiera tambien reflejar aquí el estado de ánimo del opositor durante unas pruebas de selección.
Recientemente he ganado por oposición una plaza en el Departamento de Composición de un Centro Superior de Música. Vaya por delante, desde mi experiencia en esta oposición, que en este caso el proceso ha sido transparente, el trato recibido para la realización de las pruebas ha sido exquisito y de extremo respeto, las pruebas han sido coherentes y ajustadas a las bases y lo único que había que hacer era demostrar las habilidades, capacidades y competencias que se esperan de un profesor/a de un Centro Superior de Música.

Dicho esto, me gustaría reflejar el estado de ánimo mío y el que pude observar en el resto de opositores durante las pruebas. Los aspirantes más jóvenes se mostraban bastante risueños; los más experimentados en estas lides, mostraban en sus caras la preocupación lógica. Pensé que detrás de cada uno de nosotros se escondía una historia muy diferente y que todos y cada uno de los allí presentes teníamos puestas muchas esperanzas en conseguir la plaza. No conocía personalmente a ninguno de los 7 restantes, pero era inevitable pensar que entre los allí presentes seguro que habría quien tuviera méritos sobrados para hacerse con la plaza. En esos momentos de incertidumbre, te asaltan muchas dudas; la primera, ¿Qué hago yo aquí, con más de 40 años, todavía luchando entre gente joven por el reconocimiento de mis valores como músico y como profesora?; después, a renglón seguido, ¿A quién tengo que demostrar algo?¿A mí misma? o, más bien, busco el reconocimiento de los demás; como continuación a lo anterior: y si no saco la plaza, ¿qué van a pensar mis actuales alumnos, mis compañeros actuales de trabajo, mi familia..? ¿Que no soy suficientemente buena para impartir clases en un centro superior?

Todo un cúmulo de pensamientos negros o grises pasan por tu cabeza en esos momentos y a ello hay que unirle el cansancio que origina la prueba, las noches sin dormir bien pensando en todo ello... Es realmente un milagro que uno pueda finalmente escribir en el papel pautado algo con una cierta coherencia, en el tiempo establecido y con los parámetros y premisas exigidas. Esta situación, pensaba yo, es similar a la que están pasando el resto de los colegas que se presentan, así que, en mayor o menor medida, todos estamos igual de "jorobados" .

Y son precisamente la experiencia acumulada a lo largo de los años, las cientos y miles de partituras leídas, analizadas, tocadas, armonizadas, enseñadas, dirigidas, las que te permiten salir airosa de una situación de stress como es una oposición. Lo que en principio parecen inconvenientes (la edad madura, la responsabilidad que pesa sobre tus hombros por demostrarte a tí misma y a los demás de lo que eres capaz , el qué dirán quienes te conocen en el ámbito profesional, el miedo al fracaso, la pérdida de una oportunidad de oro para promocionarte profesionalmente...) al final se convierten en la mejor arma para defenderte y el mayor estímulo para dar de tí lo mejor que puedes en esas circunstancias.

Por supuesto, no son éstas las primeras oposiciones a las que me presento y gano. También ha habido pruebas de selección a las que he acudido y no he podido ganar ni perder porque ni siquiera me dieron la oportunidad de mostrar mis capacidades: las mismas bases de la convocatoria estaban pervertidas y constituían una trampa que permitía al tribunal seleccionador "desechar" a los candidatos de manera aleatoria, sin justificación fundamentada, sin baremos transparentes y todo con el beneplácito de las instituciones públicas responsables. Toda una maniobra sutil para designar con libertad absoluta a una persona en particular, eso sí, todo maquillado bajo el aspecto de una oposición justa. Esta es otra modalidad relativamente reciente para "medrar" profesionalmente (si tienes los contactos adecuados) y darle apariencia de legalidad a la designación.

Igual que les sucede a muchas personas (la mayoría), nadie me ha regalado nada y todo lo que he conseguido me lo he tenido que ganar a pulso, compitiendo con otros, mostrando, requetedemostrando, estudiando mucho, trabajando aún más y con un espíritu de superación contínuo. No envidio los privilegios de quienes no han tenido que luchar por su status profesional porque, al menos, yo cuando me acuesto me siento satisfecha de mis logros (pequeños o grandes, no importa), porque son míos y de nadie más. Además, afortunadamente, esta situación me permite no deber a nadie nada, ser autónoma e ir con la cabeza muy alta. Lo importante no es lo que tengo, sino lo que soy (lo dice Antonio Banderas en un anuncio televisivo). Y lo que soy me lo debo a mí misma.

Repito que no envidio a los "enchufados" (seguramente entre ellos habrá gente con auténtica valía personal y profesional, no lo dudo), lo que denuncio es la injusticia de algunos medios de promoción profesional y la impunidad con la que se llevan a cabo (por cierto, con el dinero de todos los contribuyentes).

sábado, 7 de julio de 2007

Keiko Wataya: una excepcional pedagoga del violín

Hace unos 6 años tuve la oportunidad de conocer a la pedagoga y violinista japonesa Keiko Wataya de manera casual e inmediatamente fui consciente de que me encontraba ante una auténtica Maestra del violín y un excepcional músico y desde entonces vengo trabajando con ella en la coordinación y preparación del curso de Interpretación de Violín que anualmente tiene lugar en Bilbao dentro de los "Encuentros de Arte y Cultura" organizados por la Universidad del País Vasco.

Tengo que decir que aunque no se sea violinista de puede aprender de ella cosas realmente importantes para un músico que normalmente no se tratan en las clases instrumentales. Y es que su visión ciertamente oriental sobre como se debe afrontar el estudio, la disciplina de trabajo, la organización del pensamiento musical y su traducción en la interpretación, la conciencia del propio cuerpo y su control a todos los niveles (muscular, articular, gestual...) o la importancia del autoconocimiento, la confianza en uno mismo y el equilibrio entre la esfera emocional y la puramente mecánica, son entre otras algunas de las profundas reflexiones que Wataya ofrece en sus clases y son necesidades comunes a todos los instrumentistas.

Esta profesora, de aspecto menudo, simpática y con una risa muy sonora, habla continuamente de la "pereza" que encuentra en los estudiantes españoles a la hora de estudiar. A diferencia de los estudiantes de otros países europeos, los alumnos de nuestro país no buscan la perfección en sus interpretaciones, confían en su talento emocional e intuiciones y descuidan la disciplina técnica que es la que hace posible poder expresar esas emociones con convicción y naturalidad. Vamos, en otras palabras, que somos un poco chapuceros y justificamos las imperfecciones camuflándolas con una "cierta expresividad" que no convence nunca por sí sola. Ella tiene experiencia sobrada con estudiantes de todo tipo en Conservatorios europeos de Colonia, Utrech, Amsterdam, el Mozarteum, Musikene...Y sabe de lo que habla. Comenta en ocasiones algo que resulta muy aleccionador: los estudiantes españoles se comportan de manera diferente cuando estudian en otros paises. Quizás influenciados por el contexto musical, muy competitivo y altamente cualificado de estudiantes de otros países (como Alemania), cuando salen de España se vuelven camaleónicos con el entorno y estudian de manera más "profesional".
Otra de las cuestiones que Wataya subraya como definitorias de los estudiantes de nuestro país es la "pasividad", en general, que muestran los jóvenes a la hora de avanzar y profundizar en las cuestiones técnicas y musicales; parece que todo se lo tienen que dar pensado y hecho: en resumen falta de iniciativa en la búsqueda de soluciones a los problemas.

Por último, Wataya opina que no es una cuestión de falta de talento, que lo hay y mucho entre los estudiantes de violín, sino un problema de actitud frente a lo que significa prepararse para ser un profesional del instrumento. Y por supuesto, la falta de sincronia que hay entre lo que quieren conseguir y el precio que están dispuestos a pagar por ello (en términos de esfuerzo e implicación).

Hoy acaba de concluir el curso de este año y puedo decir que los alumnos que han asistido, al igual que otros años, se sorprenden de la energía que desborda esta mujer en sus clases. Es posible que la mayoría de ellos acudieran en busca de soluciones a pasajes concretos de obras concretas; no se si se habrán llevado en la maleta las soluciones que buscaban, pero lo que si está claro es que se llevan de equipaje toda una filosofía sobre el arte de estudiar un instrumento. A mi juicio lo que les ha dado tiene más valor que lo que buscaban porque son las herramientas para avanzar de manera independiente, reflexiva y consciente en la solución de cualquier problema que se les presente en el futuro. Ojalá se hayan dado cuenta del tesoro que les ha trasmitido.


sábado, 5 de mayo de 2007

Estreno en España del Requiem de Jenkins


El pasado 21 de Abril tuve el privilegio de dirigir el estreno en España del Requiem del compositor irlandés Karl Jenkins. Y digo privilegio porque estrenar una obra ante el público es una experiencia vital importante con todo lo que conlleva de responsabilidad y respeto hacia el creador de la misma. Es importante no olvidar quién es el auténtico protagonista de un estreno: la música. Una música que, además, se interpreta por primera vez en un determinado ámbito, se convierte automáticamente en la primera y única referencia para posteriores interpretaciones. Conviene, por tanto, ser cuidadosos y más que nunca respetuosos con el texto musical, para no pervertir desde el comienzo el mensaje musical originario.

El estreno tuvo lugar en el Palacio Euskalduna de Bilbao y compartimos escenario cerca de 200 músicos. Los intérpretes: la Joven Orquesta de Leioa (JOL), Kantika Korala, S. Juan Bautista Abesbatza. Todo estaba preparado para que fuera una fiesta musical y visual, con una iluminación cuidada y una puesta en escena que resultara atractiva y coherente con la música de Jenkins.

Con el aforo completo (2200 localidades), el ambiente que se pudo respirar durante todo el concierto fue de auténtica simbiosis entre música, texto, movimientos, luces, colores... Creo que lo conseguimos y nos llena a todos de satisfacción haber llevado a buen puerto un proyecto tan ambicioso desde todos los puntos de vista.

Respecto a propio texto musical de Jenkins, debo confesar que, si bien no se trata de una obra maestra de arquitectura sonora ni realiza logros o innovaciones relevantes (tampoco aporta nada especial a la estética de vanguardia), no deja de resultar agradable de escuchar, por fresca e inocente en algunos movimientos y por el tratamiento de interculturalidad y mestizaje que resulta de la alternancia de números del requiem latino tradicional y los "haiku" japoneses. Más allá de valoraciones sesudas respecto a la música en sí misma, de lo que no cabe duda es de que es una música directa, que llega a todos y que emociona en muchos momentos de gran inspiración.

Yo disfruté de este Requiem dirigiendolo, estudiándolo, compartiéndolo con todos y, sobre todo, con la ilusión mostrada por los intérpretes y el entusiasmo del público presente en el estreno. Gracias a todos.


www.youtube.com/watch?v=3KubGEbyLQ4
www.youtube.com/watch?v=aH6kWRpgcYc&feature=related

martes, 17 de abril de 2007

Análisis Musical: claves para entender e interpretar la música


Este es el título del libro que publicó la Editorial Boileau en 2004 y del que somos coautoras Arantza Lorenzo de Reizábal y yo misma. Fue nuestro primer libro y dedicamos casi 3 años a su redacción y a la recopilación de textos musicales que ilustraran de manera eficaz el contenido. Pero la gestación del libro comenzó mucho antes, ya que supuso la ordenación y estructuración de multitud de conceptos analíticos y la reflexión profunda sobre multitud de ideas y experiencias analíticas recogidas durante muchos años de práctica docente de la asignatura de Análisis.

Escribir un libro sobre análisis musical no es tarea baladí, ciertamente. Una cree que tiene algo que aportar al conocimiento musical en este campo y en el momento en el que decide hacerlo se da cuenta de que la música, al igual que otras muchas áreas del conocimiento, tiene una parte científica, medible y objetivable, pero que, al mismo tiempo, existen cuestiones que no pueden ser dogmáticas porque no pueden cuantificarse ni responden a un modelo de investigación científica. Esta parte es la que te lleva a ser cautelosa a la hora de hacer afirmaciones tajantes o, en ocasiones, a ser valientemente irracional para proponer tesis que sólo están avaladas por la experiencia personal.

Es cierto que había bastante literatura sobre Análisis musical, pero no encontramos en nuestra revisión bibliográfica un libro que fuera útil, claro, conciso y adecuado a los intereses de los estudiantes de música de los conservatorios. Esto nos animó a llevar a cabo la gestación del libro, que con un título aparentemente ambicioso, "Análisis musical: claves para entender e interpretar la música", pretendía únicamente eso, proporcionar las claves maestras que se ocultan como tesoros tras cada página de las grandes obras maestras. Si hemos conseguido el objetivo que nos habíamos propuesto, es algo que juzgarán los lectores, pero de lo que no nos cabe duda es de que quienes más hemos aprendido de él hemos sido las propias autoras.

Dicen que publicar un libro es tan duro como una gestación. No creo que el símil sea desacertado porque, desde luego, el cariño y las expectativas que uno pone en un futuro hijo cuando se está gestando no difieren mucho de las que uno siente cuando está escribiendo un libro.

Para resumir la experiencia, diría que poner por escrito una parte de tus conocimientos exige disciplina, método, reflexión, claridad de ideas, vocación de servicio, mucho trabajo e ilusión y paciencia. Mucha paciencia.

domingo, 1 de abril de 2007

Tres Requiems: Fauré, Mozart y Jenkins


Es abundante el repertorio sinfónico-coral que he dirigido a lo largo de mi carrera, pero si he de marcar tres hitos musicales de especial relevancia musical para mí, estos han sido sin duda los Requiems. Además de haber cantado como coralista el Requiem de Mozart y el de Duruflé, también participé tocando en la Orquesta Sinfónica de Bilbao (cuando era pianista de esta formación) el requiem de Verdi, el War Requiem, etc. Pero mi experiencia posterior, ya como directora, me ha dejado tres recuerdos imborrables ligados a este tipo de composición, que no es otra cosa que una Misa para el alma de los difuntos.

El primer Requiem que dirigí fue el de Fauré, y en el descubrí el significado intrínseco de cada uno de los números y la particular visión de la muerte a través del lenguaje de un compositor que trataba el tema con esperanza, con la creencia de que la muerte es el paso a un paraíso que nos recompensa. La música fluye en un ambiente pictórico nunca trágico ni dramático. Es como hacer un homenaje a la vida desde la experiencia de la muerte.
El Requiem de Mozart, constituye el segundo pilar de mi repertorio sinfónico coral porque es una de las obras que más me han solicitado y he tenido la oportunidad de presentarla en público en 10 ocasiones con agrupaciones orquestales, coros y solistas diferentes. Elegí la versión de Franz Beyer, musicólogo contemporáneo, porque en opinión de muchos expertos, propone una instrumentación que se corresponde, mucho más que la de Süssmayr, con el tipo de instrumentación elegida por Mozart para sus últimas obras. Lo que en todas las ocasiones me ha resultado impactante de este requiem de Mozart es la fuerza iluminadora de su armonía, con ciertos atisbos románticos de vez en cuando, y, especialmente, esa mezcla de sonoridad severa y apacible al tiempo. Se trata sin duda de una Misa de difuntos humanamente conmovedora y patética, sin la más mínima teatralidad. Puede ser considerado toda una declaración de principios de Mozart ante la muerte, definida por el autor como la mejor amiga del hombre. Lejos de la ingenuidad de Fauré, Mozart parece situar al hombre cara a cara con la divinidad.

Y es precisamente otro requiem, el del compositor Karl Jenkins, el último de mis proyectos. Lo estrenaré junto a la Joven orquesta de Leioa, Kantika Korala y Coral S. Juan Bautista el próximo 21 de abril en el Palacio Euskalduna de Bilbao. Curiosamente, aquí tenemos una versión de una misa para difuntos muy enraizada con la contemporaneidad: fusión del lenguaje musical y de las culturas orientales y occidentales. Este Requiem incorpora a lo números latinos tradicionales, 5 "Haiku", poemas tradicionales japoneses que versan sobre la naturaleza. Los utilizados por Jenkins en este requiem hablan del ciclo del agua (nieve, lluvia, mar,etc.) como sinónimos de vida. El resultado es realmente impactante, desde el punto de vista estructural, porque se alternan los números en latin, con los números en japonés. La instrumentación original incluye instrumentos de percusión autóctonos y multiraciales (tambores africanos, darabuca árabe, etc) y una flauta japonesa tradicional (shakuhachi) que establece el diálogo con el coro en todos los números haiku. Yo misma he realizado un arreglo de la orquestación original (sólo para cuerda , percusión y shakuhachi) ampliando la plantilla con madera a dos y dos trompas, con el beneplácito del propio compositor. Será estreno en España.

En resumen, 3 requiems, para tres momentos diferentes de mi trayectoria profesional y tres modos de interpretar el binomio vida-muerte a través de la música.

sábado, 31 de marzo de 2007

Dirigir una orquesta de jóvenes


JOVEN ORQUESTA DE LEIOA

Reflexionando sobre estos últimos 14 años al frente de la Joven Orquesta de Leioa (JOL), he caido en la cuenta de todo lo que he aprendido de ellos, tanto desde el punto de vista pedagógico como desde la propia técnica de dirección. Y es que cuando tienes delante músicos jóvenes, sin experiencia, todavía estudiantes, la forma en que se aborda la música tiene inevitablemente una dimensión didáctica: todo lo que se les plantea musicalmente tienes que poder fundamentarlo (dirección de la música, equilibrios tímbricos, nivel de dinámicas, fraseos, la importancia de la armonía y el ritmo armónico, la relación de los tempi con el ritmo armónico,la figuración, etc., las líneas maestras de índole estilística...). El objetivo último con una orquesta de jóvenes es, a mi juicio, formarles musical, técnica y artísticamente. Esta es una situación que me ha obligado a reflexionar y profundizar, no ya en la música que les he ido proponiendo, sino sobre todo, en el modo en que debía plantear todas las cuestiones. A los estudiantes hay que darles razones fundamentadas interpretativas. No vale aquello de "haced esto, porque lo digo yo, o porque es así" sin más. Cabe añadir que también tiene sus beneficios desde el punto de vista de la técnica de dirección porque te obliga a ser muy exacta y explícita en los gestos, de manera que no haya equívocos e imprecisiones. Con una orquesta joven, más que nunca, el gesto está al servicio de la música y los músicos y todo lo supérfluo obstaculiza la precisión de los mensajes. También tengo que reconocer que , en ocasiones, el gesto está sobreactuado porque generalmente el nivel musical y técnico de los miembros no es tan uniforme como sería deseable y esto obliga al director a "empujar" a los que responden más tardíamente (por diferentes motivos, que van desde la pereza, hasta la falta de coraje, la dificultad técnica de un pasaje...). En estos casos, el gesto no es todo lo natural que una desearía, pero ayuda a mantener al grupo ensamblado, que es en definitiva lo que se pretende.
Me parece una cuestión muy relevant, así mismo, la elección del repertorio que se realiza con una joven orquesta ya que tiene más que ver con objetivos pedagógicos que con los gustos personales del director. Es una equivocación planificar repertorio fuera del alcance técnico del grupo y esto es algo que observo frecuentemente en algunas jóvenes orquestas. No voy a negar que, en cierto modo, las aspiraciones del director de una joven orquesta en cuanto al repertorio pueden quedar frustradas. En mi caso, por ejemplo, he tenido que esperar muchos años antes de observar en ellos la madurez y el nivel técnico necesarios para poder montar obras del calado del Requiem de Mozart, la Misa en Do op. 86 de Beethoven o sinfonías de Mozart, Haydn, Beethoven y Schubert. Pero soy consciente de que hay obras que con las características de una orquesta de estudiantes es probable que nunca pueda abordar. Me estoy refiriendo al repertorio sinfónico de la segunda mitad del XIX y del XX, por ejemplo.

No obstante, y retomando el comienzo de este comentario, dirigir a jóvenes tiene sus contrapartidas positivas. Insisto en que el aprendizaje se realiza en las dos direcciones (orquesta-directora y directora -orquesta). Aunque podría extenderme mucho sobre este tema, unicamente voy a añadir que la gran satisfacción personal de dirigir a un grupo de estudiantes no reside tanto en el montaje de grandes obras sino en los pequeños logros musicales y técnicos que se trabajan durante los ensayos y que durante el concierto público se convierten en auténticos guiños de complicidad entre los músicos y el director. !Que íntima satisfacción puede llegar a provocar una entrada exacta en pianísimo después de una cesura o la exactitud de un pasaje de dificultad técnica en violines II, por no hablar de una buena afinación en un pasaje en octavas de flauta y oboe!. Estas son las recompensas del trabajo y yo he aprendido a disfrutarlas.